viernes, 2 de abril de 2010

Leganés - Machota Chica - Leganés

Viernes Santo, 2 de abril de 2010

Ha pasado casi un año desde que escribimos la anterior crónica de La Mula Coja, en la que relatábamos una tarde de toros en la Plaza de las Ventas (Madrid), en la que fueron protagonistas don Dimas y don Carlos (12 de mayo de 2009). Aquella aventura, de penoso recuerdo, por el Camino Herreros (27/09/2008), dejó huella amarga en la memoria del personal, que se ha resistido a tomar las botas y el bastón. Pero todo se supera, menos la muerte, y por fin hemos regresado a la montaña.

No hemos subido al monte Calvario en un día como hoy, sino a la Machota Chica, montaña cercana al Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. Adelanto, para evitar sobresaltos y zozobras a los lectores, que todo ha salido bien y que hemos regresado felices.

A las 9:25 h. hemos partido de la puerta de Mercedes y Dimas, a los que Morfeo ha visitado de madrugada (lo decimos fino, pero queremos decir que se han dormido). Desde Leganés, además de los susodichos, hemos viajado: Nano, Adrián, Montse, Agustín, Juáncar, Rosi, Pablo y Carlos. En el aparcamiento de la Silla de Felipe II nos esperaban Mikel y Carlitos.

Hemos llegado al aparcamiento de la Silla de Felipe II a las 10:10 h. En poco más de media hora hemos alcanzado el monumento de piedra desde donde Felipe II seguía las obras del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial. La vista desde allí es magnífica: el Monasterio, abajo; arriba, la Bola del Mundo, Peñalara y la Maliciosa, nevadas bajo el cielo azul. Hacia el Este se divisan las cuatro terribles torres del Real Madrid, señalando la presencia de Madrid capital.

Hemos continuado hasta una cancela de hierro giratoria. El grupo ha seguido ascendiendo hasta llegar a una pradera salpicada de rocas grises y redondas, donde ha ha tenido lugar el primer tentempié. Ha sido abundante, para qué negarlo. Ha caído una botella de Ribera del Duero; nadie ha escondido el vaso en las sucesivas rondas. Entre otros manjares, hemos degustado unas nueces del Cortijo El Coto (Granada). Con el cuerpo entonado por el alimento y la bebida, hemos reanudado la marcha.

Eran las 13:35 h. cuando hemos coronado la Machota Chica. El tamagochi de Juáncar marcaba 4 km. 830 m. Como cabras montesas hemos subido a la piedra más alta, desde donde se ve el embalse de Valmayor, que está rebosante. El momento ha quedado inmortalizado en abundantes fotografías. El monasterio se muestra como una maqueta al pie del monte Abantos, en cuya cumbre brilla una antena, o algo parecido. Dos buitres nos sobrevolaban en círculos irregulares. En un buzón de hierro hemos depositado una hoja con nuestras firmas y nuestras edades (que no quiero recordar, por discreción); el primero en firmar ha sido Carlitos.

El descenso hasta el momento del segundo almuerzo ha sido alegre. Los excursionistas han bajado en animada conversación, comentando lo que iban a comer en cuanto pararan. Si abundante fue el primer almuerzo, el segundo lo ha sido más. Ha caído otro litro de vino, de la zona de Valdepeñas. ¡Qué rico! Dimas se ha encargado del reparto, y ha tenido que reservar el último culín para él y para el Tío de la Boina (un servidor), porque era consciente de que una ronda más les dejaría a dos velas a él y a su compañero (un servidor). Por allí ha circulado toda clase de comida, pero ha habido gente que no ha soltado ni ha perdido de vista el bocata de media barra que, como un acto religioso, engullía con devoción. Después de llenar el monago, o buche, algunos hemos echado una siestecilla reparadora. Al Tío de la Boina ha habido que despertarlo, porque dormía profundamente. A las 15:30 nos hemos puesto en pie, y ¡a andar!

A las 16:30 hemos traspasado de nuevo la cancela giratoria. El Tío del Tamagochi ha gastado una bromita a los que le seguían, trabando la cancela con un palo. Agustín le ha seguido la gracia.

La Silla de Felipe II estaba inundada de domingueros cuando hemos llegado a ella. Nosotros a lo nuestro. Hemos tomado un camino salvaje y, a las 17:25 h., después de 10 km. y 7 horas de camino, hemos llegado al aparcamiento.

Ahí no ha terminado la jornada. En el restaurante El Álamo de El Escorial hemos tomado la última. El Tío del Tamagochi ha tomado nota de lo que cada uno quería tomar. ¡No había batidos de chocolate para los pequeños! Unos trinas han hecho la misma función. Algunos han tomado un café cortado; la Montse y el Agustín, que viven cerca de Barcelona, nos han informado de que en catalán al cortado le dicen tallat. Nunca te acostarás sin saber una cosa más.

Después, carretera y manta. Sabiamente, Nano ha tomado la carretera de Galapagar, por donde se hacen muchos menos kilómetros. ¿Por qué digo esto? Porque a la ida Juáncar nos ha dado la vuelta a la Comunidad de Madrid, tocando todas las autovías de la provincia. ¿Pensabas que esto no se iba a comentar en la crónica, amigo? Pues, ya ves, en el tintero no se ha quedado. ¡Que se entere todo el mundo! Menos mal que tienes buen humor y anchas espaldas. ¡Para algo te tiene que servir tanta natación!

Contentos, sanos y salvos hemos llegado a Leganés a las siete de la tarde, con ganas de repetir pronto. ¡Viva La Mula Coja!

El Cronista (El Tío de la Boina)

LAS MACHOTAS (LA CHICA Y LA ALTA)

martes, 7 de abril de 2009

TERCERA SALIDA: LEGANÉS-LA GRANJA-BOCA DEL ASNO

Hay que empezar reconociendo que esta salida de La Mula Coja se ha planificado con prisas y nocturnidad. El Cronista quería hacer un trabajo de campo sobre La Granja y La Boca del Asno, y el mismo lunes (06/04/09) comprometió arteramente al Tío del Mapa: ¡Santo varón! (a veces, pocas veces). A su vez, el Tío del Mapa comprometió a su hermano Mikel: ¡Santo varón! (casi siempre, o siempre). El caso es que a las 9 h. del martes santo, arrancábamos de la rotonda del Hospital Severo Ochoa de Leganés. Tras atravesar el Puerto de Navacerrada, cubierto de niebla y nieve, llegábamos al Palacio de la Granja de San Ildefonso (Segovia) a las 10:25 h.
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Este palacio, en nuestra opinión, vale más por lo arquitectónico y por sus fuentes y jardines que por el arte que se puede encontrar dentro. El interior es una mezcla de neoclasicismo y rococó de estuco y mentirijillas, que deja al visitante con la pesadumbre de haber pagado una entrada “pa ver esto”. Lo mandó construir Felipe V, el primer rey Borbón de España (los reyes no construyen ni hacen nada, lo mandan hacer), y disfrutó, por lo visto, bastante del lugar, él y su parienta (M.ª Luisa de Parma). Carlos III vino con frecuencia al palacio, pues era un lugar ideal para cazar y pescar. De hecho, Carlos III arregló (perdón, mandó arreglar) la margen izquierda del río Eresma, y muretes, escalerillas y puentes se conservan desde entonces.

Pagada la entrada libre (2 adultos + 2 niños = 14 €), comenzamos la visita y fuimos pasando por salas y más salas, 30 en total según el cómputo de El Cronista: leíamos el cartel explicativo y continuábamos hasta el siguiente. Nos llamó la atención un pequeño retrato situado en una de las paredes del «Antiguo Oratorio»; el personaje sería “vaya usted a saber quién”, pero parecía el mismísimo Galileo Galilei, cuyo centenario de su primera observación con un telescopio celebramos en este año 2009.

A las once en punto se pusieron a sonar todos los relojes del «Tocador de la Reina». Coincidía con nosotros por este lugar y a esta misma hora una visita con guía. El guía, cuando nos veía, se callaba como un mudo y nos cedía el paso. Les decía a sus oyentes, como para hacernos a nosotros un favor: «Dejen pasar a estos señores. Gracias». ¡Que hubieran pagado más!, pensaría el fiel funcionario.

A las 11:30 h. salimos a los jardines y fuentes. Merecen la pena. Todas las fuentes son bonitas e interesantes. Algunas son muy singulares, como una que tenía un conjunto de dragones parecidos a Fuju, el de La Historia Interminable. Después entramos a la capilla (también adornada con pésimo gusto), donde está enterrado Felipe V y su parienta. En un lateral del altar mayor hay un cuadro en el que San Ildefonso recibe de manos de la Virgen María su famosa casulla, a la que dedica un “milagro” Gonzalo de Berceo en sus Milagros de Nuestra Señora.

En una cafetería cercana al palacio La Mula Coja se tomó un chocolate caliente, que le hizo resucitar en un día especialmente desapacible y frío. A continuación vendría la segunda parte, la de zapato y cayado. Este es el momento de nombrar a los expedicionarios, antes de que olvidemos sus nombres: El Tío del Mapa, Rosi, Pablo, Paula, Mikel, Carlitos (hijo de Mikel), Teresa, Teresa Jr., Carlos Jr. y El Cronista.
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A las 13:30 h., después de tomar un tentempié, La Mula Coja emprendió la ruta por las Pesquerías Reales, desde la Boca del Asno, por la margen izquierda del río Eresma, en dirección a Valsaín.

La ruta es una auténtica preciosidad. El camino transcurre junto al Eresma y es perfecto para el caminante bisoño. Es una ruta a la que volver, de las que animan a repetir.

En la margen izquierda uno se encuentra con una enorme Barca de Piedra, con un escudo real tallado, que es donde dicen que dormía la siesta Carlos III cuando subía a pescar. Allí el Tío del Mapa se aberronchó contra el rocaje vivo, y parece que le sirvió de gran alivio y consolación. Más adelante el Puente de Navalacarreta une las dos orillas del Eresma, y unos dos kilómetros después hay otro puente, junto a un acueducto de madera. Desde ahí, traspasando una puerta giratoria, se pasa a una extensa pradera cubierta de verde hierba. Aquello estaba lleno de ganado en libertad: caballos, vacas y toros. Tuvimos nuestras dudas sobre si sería brava alguna res, pero ninguna embistió. Varios arroyos atraviesan la pradera, para desembocar en el Eresma. Cruzando uno de ellos, Carlos Jr. metió las dos piernas hasta la altura de las rodillas en una ciénaga traidora. Todos le consolamos mucho, porque se le quedó una cara de “siempre meto la pata” que movía a la conmiseración. Otro excursionista, por aquello de las leyes de Murphy, metió otro piececito en el barro (¡pobres zapas blancas!), a pesar de que El Cronista le ofrecía su bastón y de que había una hermosa piedra lisa y llana, lugar donde el instinto humano invitaba a pisar para salvar la situación. Este excursionista responde al nombre de Pablo.

Al final de la pradera pasamos por otro puente a la margen derecha del río, para emprender el camino de regreso. Comenzaron a caer unas bolitas minúsculas blancas, que no eran lluvia, ni granizo, ni nieve pero que mojaban. Así estuvo hasta que llegamos al merendero Los Asientos, donde el cielo abrió un poco y pudimos hacer el almuerzo fuerte, con bocadillos, zumos, frutas, dulces (pestiños y browni) y agua de la vida (c’est à dire, vino tinto). En 25 minutos, desde las 15:35 h. a las 16:00 h., dimos fin a las vituallas. Nunca unas mulas reales (de los Borbones, quiero decir) comieron y bebieron con tanto gusto y apetito.

Con la tripa llena y algo de sol, continuamos hasta la Boca del Asno (16:40 h.), contentos y sin fatiga.

El Tío del Mapa se ha modernizado, y trajo un GPS de mano maravilloso, con el que estábamos orientados en todo momento, y sabiendo exactamente la distancia recorrida. En esta salida ciertamente no hacía falta tanto aparato, pero que vaya probando y dominando la máquina, que seguramente nos hará falta en otras excursiones.

En el Centro de Interpretación Boca del Asno, que está junto al aparcamiento, ¡hay servicios!, y no digo más. El Cronista, con su libreta verde, pasó a recabar información y se enrolló un rato con dos monitoras muy amables que le explicaron lo que allí había, de dieron unos folletos y le enseñaron una maqueta muy interesante de los montes y bosques de Valsaín.

En coche, por supuesto, subimos a Navacerrada, donde el termómetro marcaba 1º C y hacía mucha rasca. Cafelitos y chocolates, y para casa. A las 19:10 h. aparcábamos en Leganés, salvos y sanos.

Comentario de Mikel: «He podido comprobar por mí mismo que es posible salir a la sierra y disfrutar, sin perderse y sin tener la sensación de estar perdido». Es un buen resumen de la excursión. ¡Hasta la próxima!

El Cronista.

domingo, 15 de marzo de 2009

SEGUNDA SALIDA - LA ISS

Esta segunda salida de La Mula Coja ha sido menos arriesgada que la primera. Ha tenido lugar dentro de los límites de Leganés. Los excursionistas (mulos y mulas, en nuestro particular argot) han sido: Pablo, Paula, Adrián, Gema, Nano, Juáncar, Rosi, Teresa B. y Carlos C.G.

El invierno ha sido muy duro, un invierno de los de antes, como dicen los viejos. Por eso La Mula Coja no ha salido del establo ni por casualidad: si con buen tiempo el Tío del Mapa puede perdernos sin despeinarse, con mal tiempo y nieve en las sierras no regresaríamos ninguno, como le ocurrió al capitán Scott cuando fue al Polo Sur.

El motivo de la excursión ha sido el paso de modo visible por los cielos de España de la Estación Espacial Internacional (ISS). Según la página web oficial de la ISS, pasaría visiblemente por encima de Leganés el domingo 15 de marzo de 2009, aproximadamente a las 20 h. 45 min. Habíamos de fiarnos del Tío del Mapa, que por lo visto también sabe de mapas celestes.

A las 7 de la tarde dejamos los coches en aparcamiento del Spar del Arroyo Culebro. El aparcamiento del Parque de Polvoranca rebosaba de coches, como una plaga de langosta en un campo de trigo. La gente se ha animado a salir como los lagartos en cuanto han aparecido los primero rayos de sol. ¡El dominguerismo es así!

Por el carril bici bajamos hasta el paso inferior de la autopista que parte en dos la zona de Polvoranca que va desde la Ermita hasta la vía del tren que une Leganés y Fuenlabrada. Hacía buena tarde pero, cuando pasamos al lado de la Ermita, corría un biruji molesto, que fue in crescendo. Ya comenzaba la anochecida.

Venus se veía perfectamente en el oeste, como el foco de una farola colgado en el firmamento. ¡Cuántos aviones pasaban camino de Barajas! Hicimos tiempo por allí deambulando, hasta plantarnos en la ladera que baja del Antiguo Mirador del Maestro al comienzo del Camino San Dimas. Unas chuches deliciosas aportadas por la familia G.B. amenizaron la espera. Con los prismáticos se veían titilar las estrellas; los planetas, sin embargo, permanecían fijos. ¡Lo que son las cosas! Hacia el Norte, detrás del edificio de Tabacalera y de la antena de Telefónica, la ciudad de Madrid desprendía un arco luminoso, una reverberación de luz que ocultaba cualquier astro que se situara por encima de ella. No sólo padecemos la contaminación de los humos, también la lumínica, que nos impide disfrutar de noches estrelladas en Madrid cuando la Luna está ausente.

Cuando nadie creía que la ISS iba a aparecer, una luz comenzó a desplazarse desde el Sur-Oeste hacia nosotros. ¡Era ella! El grupo lanzó algunos vítores y el Tío del Mapa respiró tranquilo. La ISS continuó su periplo por encima de nuestras cabezas y se perdió en dirección Norte. ¡Éxito total! ¡Por una vez algo nos sale bien! Los astronautas estarían ajenos a nosotros, centrados en sus experimentos, pero a nosotros nos hizo mucha ilusión “verles”.

Muy contentos regresamos por la rotonda de Valdepelayos, dando fin a las bolsas de chuches. La noche se iba cerrando más, aunque el halo de luz (contaminación lumínica, ya sabéis) nunca desapareció. Nos planteamos hacer una marcha hasta el refugio del Guijo de Santa Bárbara, para pasar allí la noche y hacer una observación astronómica en toda regla. Todo se andará.

Hechas las despedidas, montamos en nuestros vehículos y cada mochuelo a su olivo, que al día siguiente había que currar.

Nota:

Dos días después, el martes 17 de marzo de 2009, en pleno centro urbano de Leganés, desde la terraza del Tío del Mapa, él, Pablo, Paula y El Cronista vieron de nuevo la ISS todavía con mayor claridad. Era seguida por otro punto luminoso, el SATTLE, que orbitaba detrás de la ISS, con el fin de unirse a ella e instalar unos paneles solares. Una visión única e irrepetible. El cielo, hay que reconocerlo, es muy interesante. ¡Si Galileo en su época hubiera tenido los medios que tenemos ahora!

Adiós.
El Cronista.

martes, 30 de septiembre de 2008

Presentación de "La Mula Coja"

«Lo bueno, si breve, dos veces bueno», como dijo Baltasar Gracián. Apliquemos este sabio principio a nuestra presentación. La Mula Coja es un grupo de senderismo, con sede en la Villa de Leganés (Madrid).


Estas pocas palabras nos sirven para cumplir con Gracián, pero ahora demos gusto a nuestros lectores con algo más.


El animal llamado mula es un híbrido de burro y yegua o de caballo y burra. Tradicionalmente la mula ha sido un animal de carga, fuerte y terco. Cuando decimos de alguien que «está como un mulo», resaltamos su enorme fuerza física. Si decimos que «es terco como una mula», hacemos hincapié en un carácter tozudo y complicado, que no cambia de opinión aunque sea evidente que está equivocado. La mula nunca ha sido un animal aristocrático, como un corcel o un fox terrier, más bien está en el escalafón más bajo del reino de los mamíferos, aunque no tan bajo como el burro. Sin embargo la mula tiene en su contra el ser estéril, depende de otras especies para sobrevivir y jamás oiremos que se la exalta por su potencia sexual, cosa que no ocurre con el burro. Piénsese en la expresión: «Fulano, cuando ve a su novia, se pone burro». Nunca se dirá que «se pone mulo».


Toda esta digresión sirve para hacer notar algunas características de La Mula Coja y los orígenes de su nombre. Lo que nosotros tenemos de mula queda en parte disminuido por el hecho de la cojera. Veamos. Como la mula, somos resistentes y no nos desanimamos, pero nuestro paso es a trancas y barrancas. Un cojo, si es constante, puede llegar muy lejos, tan lejos como uno completamente sano, siempre que no desfallezca y no abandone. Llegará más tarde, pero llegará, que es lo importante. Eso es lo que nos pasa a nosotros. Por otro lado, nuestros orígenes son humildes, nadie viene de casta de reyes o de duques, como la mula. Nuestra grandeza está en el corazón, en el buen humor de todos nosotros y en nuestro espíritu de solidaridad. Como le ocurre a la mula, la buena fama no nos viene heredada, la hemos conseguido con el buen hacer y la buena convivencia. Nuestras hazañas hablan por nosotros.


La Mula Coja está integrada por personas de todas las edades, profesiones, aficiones y procedencias. Caminamos juntos desde niños de parvulario hasta abuelas y abuelos con biznietos. Las salidas son de un solo día, de momento. Partimos a las nueve de Leganés y en una hora de camino, más o menos, nos plantamos en el lugar de la Sierra de Madrid que vamos a visitar. Hacia las seis de la tarde, si nada ni nadie nos lo impide, estamos de vuelta en el aparcamiento. Tomamos un café o una coca cola y volvemos a casa, con la misión cumplida. Durante la ruta no faltan paradas para comer, beber y descansar. Suele acompañarnos una bota de vino, que es el agua sagrada de los caminantes, fuente de ánimo y de alegría, estímulo de la palabra y acicate de la risa relajada.


Deseamos que este blog sea útil a otros caminantes. Nosotros leemos a otros blogueros, y nos son de gran ayuda para nuestras andanzas. Nunca llegaremos al Everest, pero no hace falta llegar tan alto y tan “caro” para ser un buen senderista. Amigos, animaos a disfrutar de la Naturaleza, con el respeto y cariño que se merece.


Únicamente queremos advertir a los lectores que tengan cuidado con dos sujetos que aparecerán por estas páginas: El Tío del Mapa y El Cronista. Es inevitable la existencia de garbanzos negros o de callos en las plantas de los pies. Nosotros los soportamos con la paciencia de una mula. Ya os daréis cuenta del porqué y sentiréis pena por el resto del grupo. Acercaos a ellos con prudencia, porque estos tipos sí que dan coces.


Gracias por visitarnos y no dudéis en enriquecer este blog con vuestras aportaciones. Todas serán bien recibidas.

La Mula Coja.

sábado, 27 de septiembre de 2008

LMC - 10 Edición

CRONICAS DE LA MULA COJA

Ha sido largo el periodo en el que La Mula Coja ha estado descansando en la cuadra, inactiva. Cogemos la pluma para narrar sus andanzas en este curso que comienza también para ella. Posiblemente el año debería iniciarse en otoño, cuando la vida vieja cae gravemente como las hojas de los árboles, y la nueva vida empieza a gestarse en el frío del invierno.


La primera salida ha tenido como punto de partida el Puerto de Navacerrada, donde los coches de los excursionistas se aparcan sin dificultad. A las 9 h. hemos arrancado de Leganés en dos carromatos (una berlingo y un picasso). A las 10,15 h. poníamos en movimiento pies y piernas. Inocentes ellos, no sabían que regresarían al punto de partida en medio de una noche cerrada, a las 21 h. pasadas.


Éstos son los nombres de los excursionistas: Juan Carlos, Rosi, Pablo, Paula, Nano, Adrián, Teresa B., Teresa C., Carlos Jr. y Carlos. No mencionamos a los ausentes que, por causas justificadas, no pudieron acudir al relincho de La Mula Coja.


Tomamos el Camino Schmid con intención de llegar a la Fuenfría. Con alegría caminábamos en las primeras horas, con un tiempo algo frío y brumoso, pero sin amenaza de lluvia. El primer tentempié fue hacia las 11,45 h. Le habían precedido abundantes quejas de hambre y peticiones de comida. Fue breve pero reparador. Con la tripa llena no tardamos en llegar a la Fuenfría.


En la Fuenfría encontramos a numerosos ciclistas charlando. Por lo visto este lugar marca para muchos el final de una etapa de montaña que comienza en Cercedilla. Sin demorarnos, continuamos por una pista ancha y cómoda, construida, según informaba Juan Carlos, en tiempos de la República. No aclaró si fue durante la primera o la segunda República. Pasamos el Mirador de la Reina y seguimos cuesta abajo (la inclinación es suave), hasta el Reloj de Cela. En este tramo nos pasaron dos ciclistas que volaban hacia abajo, con gran peligro para los peatones y para otros ciclistas más civilizados que ellos. Con mucha razón, un excursionista de otro grupo gritó: ¡Cabrones! En la Mula Coja estuvimos muy de acuerdo con el adjetivo, incluso añadimos otros, todos ellos en la misma línea.


En el Reloj de Cela nos dieron las 13,30 h., y ya habíamos sobrepasado los diez kilómetros. Con un palo intentamos saber la hora, intuyendo el «mecanismo» del reloj de sol que hay construido en el suelo. Tuvimos que suponer la dirección del sol, porque en esos momentos el cielo estaba nublado. Al marcharnos de allí vimos las instrucciones del reloj grabadas en una roca, pero el ejercicio de deducción ya estaba hecho.


Un kilómetro y medio más adelante dimos con el Mirador de Vicente Aleixandre, poeta de la Generación del 27 y Premio Nobel de Literatura. Un poco más adelante estaba el Mirador de Luis Rosales, poeta contemporáneo y amigo de Federico García Lorca. En las rocas aledañas pudimos leer estrofas de estos poetas y de otros, como Antonio Machado y L. Panero. La vista desde allí se extiende por todo el valle de Cercedilla y alcanza la silueta del embalse de Valmayor, uno de los más grandes de la Comunidad de Madrid y una de las principales fuentes del Canal de Isabel II, que en estos días está a punto de ser expoliado al pueblo para ser privatizado. «Espe-remos» que el buen sentido se imponga y dicha barrabasada se pare.


Corría en los miradores un biruji frío y desagradable, y decidimos volver al Reloj de Cela, donde nos sentamos, como un clan del Paleolítico, a comer. El personal devoró sus bocatas, galletas y frutas con mucho apetito y deleite. Los adultos ayudamos la ingesta con un vino clarete, donado por Nano, que nos ayudó a hacer bien la digestión, a decir algunos chascarrillos y a entrar algo en calor. Bien es cierto que un rato antes el sol había comenzado a lucir y que no nos abandonó hasta que la oscuridad de la noche lo mandó a la cama.


En la sobremesa el encargado del mapa lo miró –Oh ninfas de los bosques madrileños, ¿dónde estabais?-, y se lo enseñó al insensato del Cronista (el que escribe estas líneas). Se veía muy clarito en aquel trozo de papel un camino alternativo para regresar a Navacerrada, el camino del un tal Enrique Herreros, de triste memoria para la Mula Coja por los siglos de los siglos. Nos pareció oportuno buscar nuevas «rutas», como hicieron los hermanos Pinzones cuando fueron a Calcuta años ha.


A las 3,15 h. el grupo se dirigió al inicio de dicho camino, donde un enorme grabado de madera alaba las bondades del camino y del susodicho Herreros, al que llega a calificar de «buena persona». Con el rabo entre las patas, a las 5,30 h. volvíamos al maldito cartel, después de subir más de media montaña y de tener que abandonar el intento, porque era imposible, pasados unos kilómetros, encontrar el paso de montaña que nos condujera a Navacerrada. Tomamos alimento y, con menos fuerzas y los pies más doloridos, decidimos volver por donde habíamos venido. No quedó muy calor inter nos quién era más miserable, si el amigo Herreros o si los autores del puñetero cartel. Debieron de pensar lo mismo un par de grupos de excursionistas perdidos que encontramos por aquel extraño paraje. Uno de estos grupos, de gente joven de unos veinte años, siguió montaña arriba. Supusimos que cruzarían la montaña a gatas, ayudándose de uñas y dientes. No volvimos a verlos (R.I.P.).


Siguiente parada: en la fuente donde desemboca la bajada del Camino Schmid desde el Collado Ventoso hasta la carretera de la República. Y aquí comenzó de nuevo «lo bueno». No quiero mencionar las quejas y los llantos manifestados por el personal menudo, con toda la razón del mundo, dicho sea de paso. Arrancamos con la luz del oeste cada vez más baja.


Sin mucha demora alcanzamos por segunda vez en el día la Fuenfría y nos metimos en el camino Schmid en sentido contrario al de la mañana. ¡Qué largo se hace cuando uno va perjudicado! ¡Y más largo, diríamos que eterno, cuando uno esta «muy» perjudicado! Reloj en mano la noche amenazaba. Se hizo una porra sobre la hora de finalización de la excursión: el punto de referencia sería el remonte que hay junto a un hotel de los años cincuenta o sesenta, con pinta de seminario diocesano o de noviciado benedictino. Las hora que se barajaron fueron: 8,00 h., 8,15 h. y pasadas las 8,30 h. Por desgracia, ésta última se llevó la palma.


En el Camino Schmid La Mula Coja se dividió en tres grupos, a cual con más dolores y congojas: el delantero (las dos Teresas, Carlos Jr., Nano y Adrián; el intermedio (P & P y el Cronista); el zaguero (los padres de P & P). En el grupo delantero, Teresa B. iba aquejada de un tremendo tirón en el gemelo izquierdo y Adrián tenía un dolor de cuerpo y alma muy considerable. En el grupo intermedio, el Cronista, en medio de la zozobra de la noche inminente, pasó un rato agradable, tierno y casi literario con P & P. En el grupo zaguero, sólo los dioses y el matrimonio Gallego Barceló saben lo que allí se padeció y se dijo. Este Cronista prefiere ignorarlo; si quieren, que lo cuenten ellos.


En opinión de P & P su situación era la de Hansel y Gretel, perdidos en el bosque con un «buen amigo» (vg. el Cronista). Pablo en un momento dado lloró por la suerte de sus progenitores. El Cronista intentaba consolarle, pero tenía también el zurullo en el cuerpo por el mismo motivo. La noche avanzaba rápido, como un lobo a punto de cazar a su presa. Menos mal que por fin vimos las luces del Hotel-Seminario; entonces supimos que allí estaba nuestro destino, como cuando Pulgarcito y sus hermanos vieron la luz de la casa del ogro en la lejanía. También nos acordamos de los sinsabores de Frodo Bolsón y la Comunidad del Anillo por las inhóspitas sierras de la Tierra Media.


Cuando alcanzamos la meta, nos sentamos los tres a esperar al matrimonio Gallego Barceló. Un poco antes habían bajado a buscarles Nano y Carlos Jr. que se temían lo que todos. P & P y el menda respiramos tranquilos cuando oímos sus voces. Cuando les vieron, P & P se abrazaron a sus padres, como si hubieran regresado de allende la Laguna Estigia.


Mientras bajábamos al aparcamiento, Teresa B. nos telefoneó para decirnos que estaban cerrando los bares (no me extraña, ya estábamos en la hora de las alimañas nocturnas) y que ella, Teresa C. y Adrián estaban ateridos de frío. Y el santo de Nano me pidió la llave de Josefina (i.e. la berlingo) y corrió en su auxilio.


Por fin, reunidos todos en el aparcamiento decidimos, sin la más mínima duda, regresar a la civilización, a nuestro querido Leganés. Eran las 21,15 h. A Juáncar le quedaron fuerzas para desnudarse de cintura para arriba y, pezones al viento, hacer el avioncito y otras gracietas, gritando algo que no llegué a entender.


Una hora más tarde reposábamos todos en el hogar, dulce hogar. Todo lo narrado es cierto, no es literatura, y que conste que muchas cosas se quedan en el tintero. Hay que reconocer que aprendimos una buena lección y que vivimos una aventura de las de verdad. No obstante a este Cronista le quedan fuerzas para gritar: ¡Viva La Mula Coja! Y que conste que la experiencia nos ha dado fuerzas para continuar y para comernos con patatas cada palmo de la sierra.


Por cierto, la sierra estaba preciosa.


Adiós.

El Cronista.



Aqui podeis ver la ruta realizada